Los inicios
Cuando pensamos en Patagonia nos imaginamos las agujas graníticas de El Chaltén, el Hielo Continental y la inmensa estepa. Pero esta región abarca muchos más paisajes que los que mencionamos; en la Patagonia norte, por ejemplo, encontramos la famosa selva valdiviana. Allí la Cordillera de los Andes es de baja altura y esto permite que ingresen grandes masas de humedad desde el oeste, que dan como resultado una vegetación exuberante dentro de antiguos valles glaciares. A tan sólo 80 km en línea recta de localidades como El Bolsón o Lago Puelo, podemos estar inmersos en una gran aventura con mucha selva por delante. Y lo más importante: ¡con increíbles paredes de granito!

Corría el año 1999 y el suizo Pedro Luthi buscaba un destino de verano para huir del trajín en el refugio Frey, donde vivía y trabajaba todo el año. Las malas juntas y los buenos consejos lo incentivaron a investigar sobre las nacientes del río Turbio IV, un tributario del Lago Puelo, 300 km al sur de Bariloche. Largas charlas con Chulengo Lamuniere y Gabriel y Osvaldo Rapaport, quienes habían intentado escalar cerros en esa zona en los ‘70, lo terminaron de motivar para que la rueda comience a girar. Pedro convenció a tres jóvenes escaladores con ansias de aventuras: Leo Viamonte, Marcelo Galghera y Andy Casal. Juntos, durante casi dos meses, exploraron la zona y finalmente llegaron a La Oreja: un valle lleno de paredes de granito por escalar. Construyeron un refugio e intentaron un ascenso a la pared de La Oreja. Escalaron varios largos, pero el terreno se puso complejo y decidieron bajar. El embrujo había hecho efecto: retornarían dos años después.
En el 2001 volvieron al valle Leo, Andy y Juan Fantini. Retomaron la vía intentada, esta vez con cuerdas fijas y taladro a batería. Todo iba bien hasta que, en el largo 14 Andy sufrió una caída considerable y el taladro roto fue a parar a las piernas de Leo. La retirada se hizo inminente y bajando el río en bote volvieron a la civilización. A partir de ese año Pedro Luthi entró todos los veranos al valle del Turbio. Exploró los picos aledaños, ascendiendo por las vías lógicas a casi todos ellos; algunos con impresionantes largos de jungling y slabs interminables. En 2007 Pedro retornó a Suiza y continuaron las exploraciones esporádicas.
En 2008 ingresé al Valle del Piritas con Gabriel Fiorenza y abrimos la segunda vía del cerro Piritas: una línea que discurre por un espolón característico de 600 m, con dificultades de 6b+. En los años siguientes los valles de la zona recibieron visitas de equipos americanos y canadienses. Estos últimos realizaron la primera ascensión de la pared más grande, llamada La Mariposa, en 2014. Aún queda pendiente la pared central, con un glaciar colgante por encima y más de 1000 m de recorrido.
Nueva etapa en el Valle
Entre varios amigos fue madurando la idea de ir al Turbio. Quería volver para abrir alguna vía nueva, pero también me atraía terminar la que habían empezado mis amigos en el ‘99. Me intrigaba intentar el largo del accidente y ver qué seguía más allá de los largos abiertos. Dentro de la expedición queríamos filmar, pensando en hacer una película. Se sumaron Loncho Guerra como cámara y fotógrafo, Seba Cardozo como fotógrafo y las escaladoras Cintia Percivati y Crystal David-Robbins. Cuando comenzamos a armar la logística, nos enteramos de que Osvaldo Rapaport, Chulengo Lamuniere y Sebastián de La Cruz estaban trabajando en el valle, especialmente en la mejora de los refugios. Nos reunimos en Bariloche con el Chulengo, que nos dio provisiones para llevar a Seba, que estaba desde hacía un mes solo en el valle. Confieso que la idea de encontrarnos con Seba allá, uno de los mejores escaladores-alpinistas de nuestro país, nos entusiasmó a todos. Con un historial impresionante (como el ascenso al Fitz Roy a los 15 años, el Torre a los 16 y el K2 a los 25 años) pero ahora retirado de la escalada. Nuestro plan secreto era convencerlo de que fuera a escalar con nosotros.

Después de cruzar el Lago Puelo en una embarcación llegamos al muelle de guardaparques, donde nos encontramos con el arriero Javier Vigueras, que llevaría nuestra carga hasta el primer refugio. Esa noche disfrutamos de la hospitalidad de la familia Vigueras, que vive rodeada de cerezos a dos horas del lago. Las anécdotas sobre inundaciones feroces y Coquito, el enano albino que habita el valle, amenizaron la velada. Al otro día dio comienzo el ritual de preparar las cargas y emprender camino río arriba, con una ración de tortas fritas para el viaje. Senderos entre el bosque y varias subidas nos dejaron en la playa principal del río. Una vez allí, fuimos vadeando el serpenteante Turbio.
Después de unas cuantas horas a caballo llegamos al punto donde se dividen los ríos: hacia la izquierda el Turbio IV y hacia la derecha el I, II y III. Allí hicimos un depósito con los botes y remos que utilizaríamos para bajar de regreso. Seguimos por el bosque y llegamos a última hora al refugio Don Ropo; noté impresionantes mejoras desde la última vez que había estado ahí. Seba nos recibió con una visita guiada a la obra. Charlamos hasta tarde y lo invitamos a subir al valle de La Oreja con nosotros… Sin pensarlo mucho, aceptó.

El día más comprometido llegó: preparamos el material y la comida, con un pronóstico de varios días buenos por delante. Descartamos hacer porteos e intentar escalar directamente. Eso implicaba ir muy cargados las ocho horas de selva que tenemos por delante. Perdimos el camino varias veces, andando con mucho calor y humedad. Finalmente llegamos a la segunda horqueta entre el valle del Piritas y el de La Oreja. Vadeamos y encaramos el último tramo empinado entre bloques gigantes. Finalmente, llegamos al refugio en el bosque. Cuando salimos a la pampa cercana nuestras caras se iluminaron ante esas paredes increíbles. Cocinamos acompañados de estrellas, la música del ukelele y alguna bebida espirituosa, cerrando así un día largo cargado de emociones.

Explorando
Me desperté con el ruido del agua sobre el nylon; supuestamente no llovía, pero estaba diluviando. No tuvimos más opción que tomarnos un día de descanso. Las rondas de mates y tortas fritas se renovaban continuamente. La guitarra y la flauta traversa de Seba amenizaban la tarde, mientras tejíamos los planes para el día siguiente. Amaneció nublado; aun así, decidimos acercarnos hasta la pared de La Oreja y encarar la vía del 2001. La idea era reforzar las reuniones con parabolts inoxidables y, cuando el clima mejorase, hacer un intento serio. Con la tormenta en nuestra cabeza pudimos hacer nueve largos.

La tónica de esos días fue la inestabilidad climática; un verano muy raro en toda la Patagonia. Dedicamos algunos días a recorrer el valle en busca de líneas: en el fondo está la pared de la Mariposa, pero requería una logística complicada. También vimos una opción cerca del pico Turista, pero no pudimos llegar a su base. Al final nos decidimos por una línea cercana al refugio, cruzando el río. Empezamos a escalarla temprano en la mañana, con Crystal encarando un espectacular largo de manos. Al llegar al relevo, lanza una serie de insultos en spanglish: ¡hay un cordín!. Decidimos seguir y el segundo largo da batalla. Nuestra especialista en offwidth se despacha un largo trabajoso y auténticamente nuevo: ¡nadie en su sano juicio iría por ahí! Hacemos cinco largos y llegamos a un callejón sin salida. Solo podríamos seguir con mucho artificial y jardinería, pero no era la idea. Emprendimos la bajada y volvimos al campamento.

Siguió lloviendo y la comida comenzó a escasear. Nos planteamos hacer un porteo para buscar comida que Seba ofreció de su depósito o hacer un intento a la vía de La Oreja. Elegimos la segunda opción: a todo o nada el día siguiente. El despertador sonó a las 4 am. Desayunamos y caminamos al pie de vía medio dormidos. Seba Cardozo encaró los largos que habíamos hecho en el intento anterior. La idea era filmar y sacar fotos, así que fuimos fijando la cuerda para que Loncho pudiese tener a las chicas y a Seba en su lente.

Pasamos rápido esos largos y, al llegar a terreno desconocido, un offwidth desplomado nos amenaza. La vía iba esquivando las partes anchas del sistema de fisuras, aunque no siempre. Unos 10 m de chimenea sin poder proteger a la salida del relevo me dejaron en el offwidth mojado. Por suerte se pudo ir por la placa, en lo que resultó ser un 6b protegido con chapas muy viejas (caseras) y bolts de 8 mm. Llegamos a un largo con rivets; le pido a Cintia que tome la punta: pesa la mitad que yo; hay más posibilidades de que los viejos rivets la aguanten. De segundo, este largo quedó en 6c, pero con esa protección es bastante expo. Finalmente llegó el largo del accidente. Cintia lo escaló sólida, pasando la última chapa colocada por los aperturistas, y en una gran terraza, montó la reunión.
Durante todo el ascenso seguimos reforzando las reuniones viejas y armando nuevas. Encaré el largo siguiente buscando lo más fácil del terreno. Luego volvió a primerear Cintia. un largo que resultó bastante sucio y vertical. Finalmente pudo montar la reunión y subimos todos. Llegamos a un callejón sin salida: evidentemente tendríamos que haber ido más a la derecha. Deliberamos y decidimos bajar: era tarde y teníamos 16 rapeles por delante. La vía quedó inconclusa una vez más.
Dudas y regreso
El clima siguió inestable. Seba bajó a darle de comer a su caballo, las chicas fueron a ver unas paredes que fichamos en otra excursión (vuelven desanimadas: hay que limpiar mucho las fisuras) y nosotros, mientras tanto, hicimos unos porteos para la obra del refugio. Mate, va mate viene, decidimos regresar a casa: pensamos que para grandes líneas hay que disponer de más material, más tiempo y mejor clima. Al día siguiente caminamos rumbo al refugio de abajo. Con menos peso y entre charlas, el tiempo pasó volando. Allí ayudamos a Seba a cambiar de lugar la tirolesa e instalar un nuevo cable de acero. Al terminar la jornada preparamos las mochilas para iniciar la segunda parte del regreso, emocionados por el tramo náutico que nos esperaba.
El tema del río no es menor: cuando hay crecida, arrastra muchos árboles y en las curvas se forman los famosos “coladores”, donde hay riesgo de que el bote se pinche y uno quede enganchado bajo el agua. Las seis horas de remo transcurrieron entre calmas y rápidos, sin margen para el error. Hicimos algunas paradas y pasamos a saludar a los Vigueras. Con la última luz llegamos al Lago Puelo. Desembarcamos ante uno de los atardeceres más espectaculares de todo el viaje. Como suele suceder, siguieron diez días de tiempo excelente que pudimos disfrutar escalando por otros lados. Nos apuramos en salir; habrá que volver…
Nuevos intentos
En 2025 realizamos otro intento junto a Paula Alegre y Anne Richter. Pudieron llegar al largo 14 y, en un trabajo de varios días, reequiparon todas las reuniones y los seguros intermedios con inox.
En 2026 encaramos una nueva expedición con un equipo integrado por Ian Clasen, Bruno Iacobellis, Seba Cardozo, Martin Rousies, Sebastián de La Cruz y quien relata, agrupando un rango de edades que iba de los 19 a los 57 años. En un push de 24 hs, escalamos rápidamente hasta el largo 14 y a continuación reseguimos los dos largos abiertos en 2017. Luego abrimos cuatro largos más, para llegar al fin de las dificultades. Los largos 17 y 18 fueron de placa, espectaculares. Salieron alrededor de 6c, colocando varias chapas. A partir del largo 20, tuvimos unas 2 hs hasta la cumbre, por terreno fácil. Finalmente se alinearon los planetas para terminar esa hermosa vía.
La alegría nos inundó: después de 27 años, la vía que imaginaron los primeros escaladores estaba terminada. Todos coincidimos en que Nico Benedetti nos había acompañado en la escalada y dedicamos el ascenso a este gran amigo. Muchos rapeles después llegamos al refugio; todavía nos quedaba desandar un largo camino. La adrenalina siguió en la bajada del río. El broche final fue en la casa Richter, con asado, vino, un baño en la tina caliente y una alegría inconmensurable...
Valle Turbio IV / Pared de la Oreja / Vía Marpla · 1150 m · 6c E4 (20 largos)

PD: Seba de La Cruz está ejecutando un proyecto de refugios y promoviendo la escalada en este valle. Gracias a su apoyo y compañía, los viajes del 2017 y 2026 fueron grandes aventuras.