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Antártida en esquís

Antártida en esquís

Pau Carrillo

Esquiar donde termina el mapa.Hay viajes que empiezan mucho antes, con un sueño, una idea, seguido de la motivación: ¿Y si organizo un viaje de esquí a la Antártida? Ph. Indio Treu - Base PrimaveraEl viaje: La ideaLos viajes así no aparecen de golpe en el calendario. Empiezan mucho antes, cuando surge una idea que todavía parece lejana: Esquiar en Antártida. Y si hablamos de esquí, es el verdadero continente blanco.Para mí era un sueño que empezaba a tomar forma. Así que pensé en Stuart y Jen, amigos australianos. Los conocí esquiando y escalando en Patagonia, y son de esas personas con las que siempre querés volver a compartir. Les conté el plan y el sí fue inmediato.Después, con Emiliano y Christian, pasó algo parecido: hay una química construida por las esquiadas compartidas, y cuando aparece un proyecto así, no hace falta mucho para convencer. Y la quinta, Agustina, amiga de El Chaltén, que siempre está pensando nuevos proyectos en la montaña.En la búsqueda del velero para el viaje apareció el indicado: el Ypake II, con Ezequiel al mando. Desde el primer momento transmitió lo que necesitás en un viaje así. Sabía exactamente lo que hacía. Como parte de la tripulación estaban Pili, su hija, y Marcos, marinero, que también se sumaría a las esquiadas. Planificar una expedición de un mes trae sensaciones mezcladas. El rol de guía convive siempre con lo humano — no es solo tomar decisiones técnicas, también es cuidar la experiencia de todos. En este viaje eso fue fácil: el grupo puso energía, colaboración y esa atención simple hacia el otro que hace que todo funcione.  Ph. Heloise Lanfranco Salimos: La aventura empieza mucho antes de ponerse las tablas. El 3 de noviembre de 2025, con el team completo y el equipo listo, zarpamos desde Ushuaia.Ahí empezó la vivencia. Viajar en velero es estar en movimiento permanente — el barco navega escorado por el viento, inclinado, bastante parte del tiempo. Esa dinámica pasa a ser parte de la rutina. El Ypake II es grande, pero pasaría a ser nuestra pequeña casa donde conviviríamos  por 30 días. Emi y Stu - Ph.Indio Treu  El paisaje se transforma. Todo se vuelve más lento y más consciente.Me acuerdo de la primera ola grande golpeando el barco, sacudiéndolo fuerte. Miré a Ezequiel y entendí que era solo una más de las que vendrían.Y sí, el viaje había empezado. Ph. Jen Tolmer Entrar al continente blanco Para llegar, hay que cruzar el Pasaje de Drake. El tramo entre el Cabo de Hornos y la Antártida es el momento más picante.Después de cinco días de navegación, cruzás el paralelo 60: estás en territorio antártico. Durante esos días solo ves olas de diversos tamaños y albatros acompañando la ruta. La navegación sigue definiendo todo. Dónde desembarcás, cuándo movés el barco, cuánto esperás. Y la responsabilidad está presente en todas las decisiones: en un lugar tan remoto, cualquier incidente tiene otra dimensión. También la motivación del grupo toma más relevancia que en otros destinos. Todo está conectado. Al sexto día, aparece la Isla Decepción, uno de los puntos más al norte de la península antártica. Ahí llega el primer desembarco, el primer contacto real con el continente y también el primer día de esquí y turismo historico. Ph. Isla Decepción - Indio Treu Esquiar donde termina el mapa. Hay momentos en que no te das cuenta de dónde estás esquiando, hasta que parás y observas alrededor. Durante el viaje logramos cerca de diez días de esquí entre islas, glaciares y montañas. Las distancias son grandes; a veces navegamos bastante para acceder a una nueva zona.  Esquiar en Antártida no se trata de encontrar la mejor línea, sino de estar ahí. En ese contexto el esquí vuelve a su esencia más simple: desplazarse, explorar, observar. Ph. Base Brown - Indio TreuPh. (Indio esquiando en la Isla Enterprise) - Marko Magister Las condiciones fueron muy estables — temperaturas entre 0 y 5 grados, el sol salía a las 2 de la mañana y se escondía cerca de las 11 de la noche  En laderas orientadas al sol predominaba nieve primavera perfecta y continua desde las cumbres, que rondan los 1800 metros sobre el nivel del mar. En orientaciones en sombra aparecían sectores más invernales, con nieve seca y polvo. El terreno es variado: desde pendientes escarpadas técnicas con glaciares enormes hasta opciones más conservadoras, con pendientes suaves. Lo que más esquiamos fueron recorridos largos en terrenos intermedios, la idea era aprovechar lo máximo y, si era posible, terminar la bajada llegando al mar.  Esquiar con el mar abajo, con tonos azules increíbles y la fauna que hay allí, sumado a esas montañas tan estéticas, hace que estés disfrutando con todos los sentidos activos. Ballenas apareciendo cerca de la costa, focas descansando al sol y pingüinos curiosos acercándose a los esquís. Cada día ofrecía una interacción distinta.  A veces, una sensación particular: aunque estés esquiando en lugares poco transitados, a la distancia aparecen buques turísticos que por momentos interrumpen ese paisaje. Pero cuando ya estás inmerso en la montaña o dentro de un glaciar, vuelven a percibirse otras sensaciones— la soledad, la escala, la necesidad de gestionarlo todo bien.  Una constante: la inmensidad que te ubica en escala.Base Brown - Indio Treu. El lado B: reflexión personal La experiencia de esquiar en Antártida también viene acompañada de otras reflexiones. Una, en particular, fue ver esos barcos enormes navegando, lo que me generó inevitablemente preguntas sobre el turismo masivo y su impacto. Según datos de la IAATO (International Association of Antarctica Tour Operators), en las últimas temporadas más de 100.000 visitantes llegan cada año a la Península Antártica a bordo de cerca de 80 embarcaciones turísticas. Desde un velero de 50 pies, la diferencia de escala se vuelve evidente. Nosotros también estábamos generando un impacto. Pero el contraste entre un velero -silencioso, adaptable- y el tránsito constante de grandes cruceros es difícil de ignorar. La Antártida deja ver lo frágil de su equilibrio. Lugares que uno imagina intactos están más atravesados de lo que parece - la masividad turística y la transformación de sus ecosistemas. Quizás conocer estos lugares sea parte de aprender a protegerlos. Haber visto solo un fragmento mínimo de Antártida genera ganas de volver, entenderla mejor y, como guía, transmitir la importancia de cuidarla. ¿Fin de viaje? Treinta días después, de vuelta, la dimensión del viaje todavía no había llegado del todo. Eso pasa con los viajes así — lo que viviste necesita tiempo para acomodarse. Lo que sí es inmediato es el aprendizaje. Cada expedición enseña algo y la Antártida, en particular, tiene algo que no suelta: una vez que la viste, querés volver a entenderla mejor. Quedan las preguntas, el agradecimiento al equipo y una experiencia profundamente disfrutada. ¿Volvemos? Ph. Base Brown - Indio Treu BIO: Guía de Alta Montaña IFMGA, apasionado por el esquí, originario de San Juan y radicado en El Chaltén desde 2010. Instructor en las formaciones de Guía de Montaña y Alta Montaña, fundador de Alpine Patagonia. Desarrolla su actividad principalmente en la Patagonia Austral, con amplia experiencia guiando y escalando en el macizo del Fitz Roy, Cerro Torre y el Campo de Hielo Patagónico Sur. Créditos de fotos: Indio Treu y Marko MagisterEditora: Maria Ignacia Mendez

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